Agente de seguros: mitos y verdades

Es una lástima que tantas veces prevalezcan las falsas creencias sin contrastar con la realidad y basadas en una ignorancia que acostumbra a sentar cátedra. Luego pasa que circulan fakes y se difunden rumores por la red hasta crear ‘auténticas’ leyendas urbanas. Éste es un mal social que se alimenta y retroalimenta. ¿Quién no ha asistido a una clase magistral impartida por un improvisado experto en la figura del agente de segurosEn este post vamos a desgranar los mitos y realidades del agente de seguros.

agente de seguros

La voz de la experiencia

Suerte que luego siempre se impone la voz de la experiencia para colocar las cosas en su sitio. En general, la falacia más extendida es que la profesión del agente de seguros es temporal, aburrida y mal pagada. Y nada más lejos de la realidad. Entre los mitos que cabría desterrar están los siguientes:

  • Imagen seria y distante del agente de seguros

Para nada. Los agentes de seguros, ellos y ellas, tienen una imagen cuidada pero en absoluto seria o de trato frío. Al contrario: son profesionales sociables, respetuosos, de actitud cercana y agradable. Trabajan en equipo y comparten necesidades particulares de clientes potenciales.

  • Profesión rutinaria

Ningún día es igual para el agente de seguros. Para empezar, los tiempos son muy diferentes a los de otras profesiones. Esta actividad exige ser muy hábil con la autogestión, las horas y el trabajo. Un buen equilibrio llevará a la perfecta conciliación de vida laboral y personal. Y la promoción en la compañía le permitirá crear un equipo de trabajo, un reto motivador para cualquiera.

  • Trabajo circunstancial

Existe la idea equivocada, de que es una actividad pasajera, por probar o para personas sin titulación u oficio determinado. Ni lo uno ni lo otro. Es una propuesta laboral que requiere esfuerzo y perseverancia como si de un negocio propio se tratara, pero con una mínima inversión. Debe entenderse como una apuesta personal que puede extenderse al ámbito familiar, y a largo plazo, donde el crecimiento y los resultados llegan lentos pero seguros. Además, la Dirección General de Seguros exige unos estudios mínimos para garantizar que tu seguridad está en buenas manos.

  • Puerta a puerta

Es una idea del pasado. Los agentes de seguros contactan previamente y fijan una cita para explicar con detalle un determinado servicio o una actualización de la póliza de un contrato. Las nuevas tecnologías facilitan el contacto y la confianza, como en cualquier otro servicio.

  • Ingresos limitados

Circula por ahí que si el agente no cierra nuevos contratos de seguros, no cobra, y no es cierto. Es más, hay buenas retribuciones en la aseguradora y, por supuesto, objetivos y resultados a valorar. Entran en juego el esfuerzo y las propias habilidades para el puesto, para superarse y promocionarse. En este sentido, no existen márgenes, no hay techo de ganancia.

  • Actividad desconsiderada

Bien al contrario, tanto por usuarios como por sectores que conocen bien la actividad. Se valora por la diversidad de cualidades que atesora un buen agente de seguros. No es un comercial, no es un vendedor; es un profesional que ofrece un servicio necesario, que informa al detalle y con empatía ante un cliente potencial. Y así lo entienden los asegurados cuando contactan para agradecer una prestación especial y cómo evitaron un riesgo innecesario.

  • Empleo desalentador

Al ser un reto continuo de superación, la consecución de objetivos conlleva una gran satisfacción personal. Como también lo es el trato directo con el usuario y la experiencia evidente de aportar un elemento de bienestar a su vida. Aparte, otros agentes de seguros consolidados en la compañía sientan precedente y son un buen ejemplo de que el desaliento no tiene sentido, más si cabe cuando se entiende como una profesión de futuro, con gran potencial de crecimiento.

  • No hay mercado de venta

Imposible. Basta con preguntar en nuestro entorno directo y veremos el gran número de personas que tiene contratado un seguro o más de uno: vida, hogar, ahorro. Y son productos que constantemente se actualizan, por lo que el cliente, cada vez mejor informado, lo sabe y exige lo mejor. ¡Y aquí interviene el agente de seguros!

 

 

Dicho esto, dejemos de lado los mitos para vivir la realidad del agente de seguros como una profesión respetada, absolutamente digna, de largo recorrido y en pleno crecimiento, donde el esfuerzo y las propias habilidades marcarán los resultados.

 

 

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